El enojo es con la melodía, no con la letra. Con la situación, no con tus ojos que parecen tener anillos cual Saturno.
Las bocinas retumban y frenar nunca fué parte de mi plan. La niebla imaginaria de tu habitación se reposaba en los prismas que te obsequié para quedarme al menos como el recuerdo de unas pestañas que te visitaron muchas veces al día y que saltaron en tu nombre la cama tan solitaria que fué lo mas cercano a una amiga esos días en los que solo sabías decir que todo estaría bien.
Otra vez el salto, y antes de caer y rebotar en lo elástico de su dormitorio te maldice demasiado rápido como para notarlo. Nunca te vivió realmente como para lamentarlo, entonces siempre dice "Oye.." y tu crees que ella no habla por cobardía, pero es solo humedad en la memoria, e impotencia de tener que vivir en este mundo, donde, como decían cartas años atrás, sobre todas las cosas, las palabras tenían que regir sobre todo lo demás. Y ojalá que en otra dimensión, o en las vidas paralelas que me gusta redactar se puedan ver a los ojos sin maldecir antes de caer a causa de algo tan idiota como la fuerza de gravedad, tu falta de fuerza de voluntad o quizás solo imaginación. Voluntad. Impulso. Me das igual cuando estoy ebria. o al menos así lo recuerdo cuando vuelvo en mi y las bocinas me acompañan en la trayectoria de la cotidianidad. Sola, como siempre.
Oye. No me mires así.
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