lunes, 23 de mayo de 2011

Baja la cortina, así me gusta mas el infierno.

Ahora las letras están perdiéndose entre el desorden en el cuaderno, la tinta se corre de vez en cuando y la mala ortografía me regresa el sentimiento de estar por lo menos en el mismo sendero.

Me dices que me quieres, yo te abrazo y te digo al oído muy bajito que yo también. Lo vuelves a decir -vaya, vamos progresando-. Sonrió. Tienes unas pestañas muy largas y yo una caminata que me espera a la vuelta del callejón. Olvide mi suéter y la pluma que sostenía el peinado. Me despedi riéndome como siempre y con un laberinto de dudas aujereandome la cabeza como termita.
Necesitaba ese abrazo y esas palabras. Se que no debo estar triste, se que debo olvidar los detalles mientras paso las paginas, pero cuando te fuiste me volví a sentir sola. Sola en medio de una cúpula y de polvo acumulado, sola encima de una cama mal tendida y pétalos resignados a regresar a la rosa...
El cielo es muy azul y los niños uniformados aun gritan y ríen. Estamos abajo del mismo árbol, voy mas tarde que el otro día y sin embargo no pienso apurar las ultimas palabras. Son memorias. Y las memorias construyen la historia por muy antihistoria que intentemos hacerla con tanto acertijo y tantas vueltas. Te quiero, hay que callarlo pero no olvidarlo, espera, baja la cortina...

viernes, 13 de mayo de 2011

Soy

Soy la nebulosa que invadió aquel sueño, la luz que siguió con el pentágrama.
Soy la que seguía la estela transparente que aterrizó en la terraza. 
Soy pupilas dilatadas junto con esa lluvia moja-pendejos. 
La campanilla de la maquina de escribir, las pestañas de las raíces, soy la sirena espuma que te mojaba los pies los días de verano, el parpadear del sol entre las nubes, la risa silenciosa del ventilador. 
Soy el ultimo cerillo, el reflejo en el lago el día mas largo del año, una cama mal tendida, una bugambilia mal teñida. 
Soy la brisa que baja corriendo las escaleras, el escarabajo que aullento ese feo mosquitero. 
Soy el zumbido que no te dejaba dormir ayer, el conejo que engañaba a la luna, unos  olluelos en la sonrisa.... 
Soy la fotografía en el piso, la carta que no se envió.

martes, 10 de mayo de 2011

No tendría caso seguir escribiendo. Pero es el destino quien me lo ha pedido. Ella había renacido en una nueva ciudad. El perdía la cabeza junto con esas voces. Y al reencuentro en esta vida, -dimensión paralela- los ojos se reconocieron y  a mil años luz Orión probablemente se burló de esos dos... De ella por su desesperada búsqueda de lo inexplicable. De el, por creer que la mirada ausente de ella podía ser retratada en el tiempo.
Y las lunas pasaron junto con las melodías. Los rayos del sol se perdían junto con las manecillas y ella empezó a escuchar voces también y a confundir el grato silencio con violines diminutos incrustados en el viento.
-Algunas ausencias pueden mas que con presencias, le decía el. Pero no era el caso. Su ausencia recalcaba el sentimiento, pero no hacia falta que ella lo dijera en voz alta, ya hacían muchas noches que ella había aprendido a guardarse ciertas cosas para aparentar no ser tan bulnerable.
El la miraba como siempre, le enseñaba con lo sutil de esa voz como es que conspiraba el universo. Ella escuchaba y derrepente hacía alguna mueca intentando no demostrar por completo que las nubes empezaban a engriseserse.


-Besame
-¿Porqué debería hacerlo?
-Por que si tu quieres y yo quiero creo que deberíamos hacerlo.
Todo paresía tan sencillo y ella extrañaba los sentimientos normales de un mortal.
El fantasma de la duda. Esos violines apagandose. No querer despertar.
Ella ya conocía el sentimiento.
Ella ya era parte del sentimiento.
Y la letra desesperada y los latidos la redujeron a un ser mas en la reducida población de una ciudad de callejones al norte del país.
El golpe de realidad, el olor de el silbando en su habitación.
Era ya muy tarde, el no estaba el día de hoy, por consecuente probablemente ella debería empezar a aceptarlo:
Lo sentía. ¿Y que?