lunes, 21 de marzo de 2011

Los recuerdos no son de carne y hueso.

Madurar es de frutas. Fui un pinche túnel al Nirvana. Los túneles se acaban rápido, por eso la gente llega a aguantar la respiración hasta que llega la luz. Estoy cada día mas relajada, mas alejada. Todos los días me levanto con la idea de concentrarme en la nada, pero díganme, si les digo que no piensen en elefantes rosas... en que piensan? PUES EN ELEFANTES ROSAS. Olvidemos lo poético que puede ser la vida, las flores, todos esos rayos de sol que caen como lluvia, el suelo cubierto por un mantel de flores moribundas, las nubes, la luna... Quizás mi inconsciente lo planeó todo, quizás debería estar asustada de mi misma. Yo quería una vida emocionante y la obtuve, y sin querer, mi pasatiempo favorito fue pensar en elefantes rosas. Pero el rosa lastima la vista y, después de tantos meses, me harte de lo poético que resulta el dolor.
Así es que por primera vez decido pensar en elefantes amarillos, o verdes, y hasta que el mundo se vuelva a sacudir las pulgas me animare a voltear, y no retrocederé, no. Soy feliz sola con lo poético de la felicidad. Ya no me llevará a la chingada mi demonio, esta vez le contagiaré un poco de lo que aprendí estos meses: Los recuerdos no son de carne y hueso.

1 comentario:

  1. Ni los recuerdos, ni los deseos, ni el efímero presente, ni las palabras impresas son de carne y hueso, ni la carne ni los huesos son para siempre.

    Todo se eterniza cuando vibra. Y aún así la eternidad existe en la medida que logramos concebirla. Y aún así podemos desaparecerla por que nuestra memoria es disuasiva.

    Somos absolutamente lo que queremos.

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