Ahora las letras están perdiéndose entre el desorden en el cuaderno, la tinta se corre de vez en cuando y la mala ortografía me regresa el sentimiento de estar por lo menos en el mismo sendero.
Me dices que me quieres, yo te abrazo y te digo al oído muy bajito que yo también. Lo vuelves a decir -vaya, vamos progresando-. Sonrió. Tienes unas pestañas muy largas y yo una caminata que me espera a la vuelta del callejón. Olvide mi suéter y la pluma que sostenía el peinado. Me despedi riéndome como siempre y con un laberinto de dudas aujereandome la cabeza como termita.
Necesitaba ese abrazo y esas palabras. Se que no debo estar triste, se que debo olvidar los detalles mientras paso las paginas, pero cuando te fuiste me volví a sentir sola. Sola en medio de una cúpula y de polvo acumulado, sola encima de una cama mal tendida y pétalos resignados a regresar a la rosa...
El cielo es muy azul y los niños uniformados aun gritan y ríen. Estamos abajo del mismo árbol, voy mas tarde que el otro día y sin embargo no pienso apurar las ultimas palabras. Son memorias. Y las memorias construyen la historia por muy antihistoria que intentemos hacerla con tanto acertijo y tantas vueltas. Te quiero, hay que callarlo pero no olvidarlo, espera, baja la cortina...
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