martes, 10 de mayo de 2011

No tendría caso seguir escribiendo. Pero es el destino quien me lo ha pedido. Ella había renacido en una nueva ciudad. El perdía la cabeza junto con esas voces. Y al reencuentro en esta vida, -dimensión paralela- los ojos se reconocieron y  a mil años luz Orión probablemente se burló de esos dos... De ella por su desesperada búsqueda de lo inexplicable. De el, por creer que la mirada ausente de ella podía ser retratada en el tiempo.
Y las lunas pasaron junto con las melodías. Los rayos del sol se perdían junto con las manecillas y ella empezó a escuchar voces también y a confundir el grato silencio con violines diminutos incrustados en el viento.
-Algunas ausencias pueden mas que con presencias, le decía el. Pero no era el caso. Su ausencia recalcaba el sentimiento, pero no hacia falta que ella lo dijera en voz alta, ya hacían muchas noches que ella había aprendido a guardarse ciertas cosas para aparentar no ser tan bulnerable.
El la miraba como siempre, le enseñaba con lo sutil de esa voz como es que conspiraba el universo. Ella escuchaba y derrepente hacía alguna mueca intentando no demostrar por completo que las nubes empezaban a engriseserse.


-Besame
-¿Porqué debería hacerlo?
-Por que si tu quieres y yo quiero creo que deberíamos hacerlo.
Todo paresía tan sencillo y ella extrañaba los sentimientos normales de un mortal.
El fantasma de la duda. Esos violines apagandose. No querer despertar.
Ella ya conocía el sentimiento.
Ella ya era parte del sentimiento.
Y la letra desesperada y los latidos la redujeron a un ser mas en la reducida población de una ciudad de callejones al norte del país.
El golpe de realidad, el olor de el silbando en su habitación.
Era ya muy tarde, el no estaba el día de hoy, por consecuente probablemente ella debería empezar a aceptarlo:
Lo sentía. ¿Y que?



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