Cuando llegué a la fiesta recuerdo haber intentado atarme a las tinieblas, pero luego Arún apareció y corrí y lo abracé. Ahora se cumple un año, y ojala existiera la teletransportación, o que solo me alcanzara para darle un abrazo, uno de esos que se te graba incluso el olor.
Felicidades, Principito.
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