lunes, 29 de julio de 2013

Era como estar siempre encima de una gota de agua. ser diminuta. ser tan poco para este cielo que me gritaba y me extraía a el. el constante dolor de no saber que tan alto brincar para no estrellarme, para no quedarme tán por debajo de tu mirada.
los diálogos s resbalaban y tronaban como la madera y el fuego. No sabía explicarte que eras esencial para el árbol que nacía en mi garganta. No pude hacerlo parte de ti. Los días rechinaban y por mas que yo quisiera cristalizarme en el momento no podía, el momento de la bocanada de humo y mi mirada y la tuya y el reloj sin ningún tac...


Ahora el pronombre reposa en la alfombra que jamás volará. la que está debajo de este origami y estas fotos en las que ya no me reconozco: Mi cuarto se ha adueñado de las antiguas palabras y como podría detenerme a redactarte si ya existías...
Aquí existo en tercera persona. Soy un ente que se apropió de ellos solo por amor, y los prismas de la roca serían la llave no para abrir, sino para cerrarte. Para dejarte columpiar y rehacer una vida paralela a este cuarto tan ajeno al guionista de mi vida, a esa locura que prefieres por ensima de unas estrellas tan evidentes.
Me mojo los pies en el mar de tu cotidianidad y me pierdo en mi misma y me adentro cual imán a una geometría gastada. Un final tan lejano y tán ya repetido. Un tablero que no se ni como luce.
El beat de esa noche fue sin estrellas, sin cielo que me recordara que existirías siempre fuera de las páginas que podría dedicarte sin necesidad de vivirte.
y con el orden cósmico tan hipócrita, tan contrario a lo evidente, que pude hacer yo mas que caer al abismo seguro de la incertidumbre eterna, a las miradas cruzadas de vez en cuando... Y conformarse con no saber el futuro y deshacerte de el vértigo, por que este nunca te sirvió de algo...

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