lunes, 20 de junio de 2011

Así es esto, coloración adherida a la piel.

Por mi cuello hay una constelación de dos lunares. Propiedad de El, según lo que dictan mis recuerdos. La constelación no necesita mas, solo están ellos, un lunar mas grande y otro mas pequeño. Y así es esto, yo soy la pequeña y el otro es cualquiera que le regale inspiración a esta ya repetida canción.
También tengo otro lunar en el ojo, la verdad no recuerdo en cual de los dos. Ese solo lo notan
 las personas que intentan desgarrar la delgada frontera que impide que puedan leerme la mente. Debajo de mi fleco mal cortado hay otro. Uno en forma de América del sur en la muñeca derecha. Y están los nuevos inquilinos: hace dos años me salio un lunar en forma de pepita en la planta del pie, y hace un semana mas o menos, un día antes de que El viniera a mi casa, apareció una manchita junto a mi ombligo. ¿Y porque hablo de esto? Bueno, por alguna razón siempre he creído que los lunares son marcas con las que naces por que antes de tomar forma humana, esas manchas pudieron ser memorias que se grabaron en tu piel para que jamás las olvidaras, aunque fuera solo inconscientemente. Y entonces están esos nuevos lunares, los cuales me hacen inventar inevitablemente que cada memoria importante se camuflajea en coloración adherida a la piel. Y ahí están esas historias que no me atreví a escribir, esas sonrisas que quise dejar pasar, un montón de pestañeos demasiados ovios para que me dignara a contestar con ese brillo tan característico que se arremolina en el iris como si fuera solo una niña de 5 años. Y lo lamento, lamento querer querer a tantas personas al mismo tiempo, no poder dejar pasar lo pasado y abrirle las puertas a las almas que me quieran dar la mano para no dejarme volver a caer. Por que la mayor parte del tiempo solo quiero olvidar que alguna vez recordé que era débil... Ahora cada vez que siento las manos temblorosas hago grullas, y cada vez que alguien quiere traspasar esa barrera a través de las pupilas, desvío la mirada y sonrío como si no supiera que estuviera pasando. Si me tiemblan las piernas, me siento. Si recuerdo, canto lo primero que se me ocurra. Si me aman, yo solo quiero. Si me quieren, yo amo. Y así es esto, yo quise tocar el piano y acabé tocando la tonada equivocada.

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